domingo, 27 de enero de 2008

El poder del tiempo


Lo que transcribo a continuación es un ejemplo de cómo, si se tiene poder, hasta el tiempo se puede manejar:


"El 5 de octubre de 1882, todas las compañías ferroviarias norteamericanas, después de hacerlo la mayoría de las empresas europeas, acuerdan adoptar el meridiano de Greenwich como referencia única de sus propios horarios. Todo ocurre entonces. En efecto, se decide en ese momento, para preparar una solución internacional definitiva al tema horario, celebrar en Roma, en octubre de 1883, una conferencia de astrónomos y geodesistas. En ella se mencionaron diferentes hipótesis: algunos proponen escoger a París, Ferro o el estrecho de Behring, pero la conferencia propone conservar a Greenwich como meridiano inicial. El gobierno norteamericano resuelve el 18 de noviembre de ese año, unilateralmente, dividir el propio territorio en cinco zonas horarias definidas a partir del meridiano de Greenwich.
En 1884, en agosto, el presidente de EEUU propone celebrar en Washington una conferencia internacional para que se fije definitivamente un meridiano básico, “siendo los EEUU el país que tiene los telégrafos y los ferrocarriles cuya extensión longitudinal es la mayor”. El 1º de octubre de 1885, esta “conferencia del Meridiano” reúne a los representantes de 25 países. Para retrasar la elección inevitable de Greenwich, los delegados franceses proponen que se busque un meridiano que pase por un país neutro, fuera de las grandes potencias. Y sugieren nuevamente a Ferro, las Azores, Tenerife, Behring y Jerusalén. Norteamericanos e ingleses responden que eso es imposible porque la conferencia anterior había reconocido que el meridiano básico debía pasar por un observatorio de importancia. La Conferencia no puede entonces sino aprobar los usos de la época: ciertamente, los meridianos de París y de Berlín, entre otros, se utilizan aún, pero mucho menos que el de Greenwich. Este, reconocido ya por cuatro países para sus cartas terrestres (EEUU, Gran Bretaña, Suecia, Canadá) y utilizado por el 80% de las marinas y los ferrocarriles del mundo, se adopta por 18 votos contra dos (Francia y Brasil) y una abstención (Santo Domingo). Después de esta conferencia, Japón lo adopta en 1888 y Alemania lo hace en 1891. Recién el 24 de febrero de 1898 lo adopta Francia…. "
(tomado de Historias del Tiempo, de Jacques Attali. FCE. 1982. Reedición 2001)

jueves, 24 de enero de 2008

Google, googol... ¿lo qué????


Google es una paronomasia....
Una vez pregunté qué significa la palabra “Google”, y me contestaron que el término es una paronomasia.
Bueno, y ¿qué es una paronomasia?. Según Wikipedia sería “una figura retórica que consiste en aprovechar la similitud fonética entre dos o más palabras, frecuentemente con intención burlesca o conceptista”
Pero no sabía paronomasia de qué es la palabra Google. Entonces seguí buscando. Y encontré algunas cosas interesantes.
Aparentemente, muchas personas se han visto sesgadas por la doble o, a veces con “pupilas”, que simulan “ojos” y han creído que google era una deformación de la palabra inglesa goggles, que significa gafas. No está nada mal, teniendo en cuenta que estamos hablando de un buscador. Pero, al parecer, la cosa venía por otro lado.
En realidad Google responde a una broma basada en la paronomasia: sus creadores buscaron un nombre que se pareciera al término matemático que representa un número inmenso, simbolizando el explícito objetivo de Google, de organizar la colosal cantidad de información de Internet. “Googol” es el término matemático que designa un 1 seguido por cien ceros. El término fue acuñado en 1938 por Milton Sirotta, sobrino del matemático estadounidense Edward Kasner. El googol no es de particular importancia en matemática y tampoco tiene usos prácticos. Kasner lo creó para ilustrar la diferencia entre un número inimaginablemente grande y el infinito, y a veces es usado de este manera en la enseñanza de la matemática. Es importante recalcar que un googol es muchísimo más grande que el número total de electrones en el universo, que de acuerdo a lo calculado por Eddington es de 1079.
Y el motor de búsqueda de Google fue llamado asi a causa de este número. Los fundadores iban a llamarlo Googol, pero terminaron llamándolo Google debido a un error de ortografía.
Estos hombres que crearon el buscador, tendrían afición especial por este tipo de números.Hay una anécdota que cuenta A. Paenza en uno de sus “Matemática... ¿estas ahí...?”, en la que dice que estando en Boston una vez vio en el subte un cartel de propaganda que decía asi:
(primer primo de 10 dígitos consecutivos del desarrollo de e).com
La curiosidad lo llevó a consultar a algunos colegas matemáticos y resultó que cuando alguien podía llegar a desentrañar el problema, inmediatamente era redireccionado a una página de Google donde se ofrecía un futuro contrato para trabajar en la empresa. Aparentemente, quien podía resolver el entuerto numérico, era digno de trabajar en Google. Curiosidades de Internet, ¿no?.

lunes, 21 de enero de 2008

Una definición



Autoconciencia
Separación que hace el hombre de sí mismo respecto al mundo objetivo, toma de conciencia de su relación con el mundo, de su propio ser como persona, de su conducta, de sus actos, pensamientos y sentimientos, de sus deseos e intereses. El animal es idéntico a su actividad vital; sólo en virtud de su presencia modifica la naturaleza, es decir se relaciona con ella de manera inmediata. En cambio, el hombre se relaciona con la naturaleza de manera mediata, a través de su quehacer social y ante todo mediante el empleo de instrumentos de trabajo. Gracias al trabajo se separa de la conexión natural: en el proceso del trabajo relaciona sus fines y objetivos con el material de la naturaleza y tiene en cuenta sus propias posibilidades. Al modificar la naturaleza, se modifica a sí mismo. El hombre, al crear productos en el proceso del trabajo, en cierto modo se desdobla y en el objeto de su actividad contempla la obra de sus manos. Se diferencia a sí mismo como agente respecto a los objetos de su hacer. Pero, como quiera que el trabajo siempre posee un carácter social, el hombre empieza a adquirir conciencia de sí mismo como hombre, como partícula, como célula del sistema histórico dado, únicamente al relacionarse con otro hombre como con su semejante, al ver en otro al hombre. En la formación de la autoconciencia, desempeña un importante papel el lenguaje, ya que éste constituye la realidad inmediata del pensamiento y aparece [31] en esta función para cada individuo sólo porque existe para otros. La autoconciencia (como afianzamiento, garantía), surge al mismo tiempo que la conciencia como derivada de ella, pero se manifiesta en un estadio sensiblemente más elevado del desarrollo de la humanidad. En un principio, el hombre se diferencia del objeto, adquiere conciencia del objeto de su actividad y de sí mismo como sujeto, únicamente de manera directa, en el proceso del hacer práctico con las cosas. Luego, la autoconciencia aparece como gentilicia, como colectiva: el hombre aún se halla plenamente absorbido por la gens, que se presenta como portadora y centro de la esencia humana. Al hundirse el régimen gentilicio, al aparecer la civilización y al separarse el individuo como tal, surge propiamente la autoconciencia de la persona. En la historia de la filosofía, la autoconciencia ha sido concebida como principio agente, y con esto a menudo se agotaba la comprensión de la actividad práctica del hombre (Fichte, Hegel, jóvenes hegelianos). No pocas veces se entendía la autoconciencia como principio creador respecto al mundo objetivo. En realidad, la autoconciencia, que es un principio activo, sólo puede comprenderse como resultado y como faceta de la actividad práctica del hombre en la esfera de la producción social, depende del reflejo del mundo objetivo y está condicionada por este último.
(Robado del sitio http://www.filosofia.org/, definición que aparece en el Diccionario soviético de filosofíaEdiciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965).

Por lo menos asi lo veo yo


En el último año he leído varios libros de Hening Mankell. Escritor sueco, podría decirse que de moda tanto en Europa como aquí, en Argentina, aunque muy conocido desde muchos años antes en su país de orígen, principalmente debido a la saga del inspector Wallander, un policía cincuentón, solitario y algo rudo, áspero, seco. El personaje se siente escéptico en relación al destino de su país y ahí, me parece, que el escritor expone sus ideas por boca de su personaje.
Aparte de las novelas policiales, (a las que habría que agregar una en la que la protagonista es la hija de Wallander, Linda, y otra, El regreso del profesor de baile, en la que el investigador es un joven policía llamado Stefan Lindman, afectado de cáncer), están las novelas donde abandona la temática policial para pasar a un terreno podría decirse que más intimista. Creo que desde el punto de vista literario, son éstos últimos los libros más rescatables de este autor, ya que si bien en los policiales maneja con mucha destreza los mecanismos de la intriga, y con eso logra mantener al lector pendiente, no es mucho más lo que se ofrece, a mi entender. En los momentos en los que intenta exponer las reflexiones digamos existenciales de los personajes es donde utiliza sus peores recursos literarios ya que los pensamientos se sienten (no se si esta sería exactamente la descripción) demasiado autocompasivos, o peor tal vez, demasiado autoconcientes. Si siguiera la descripción que Barthes ha hecho sobre los placeres de lectura, podría decir que con las novelas policiales de Mankell me he sentido arrastrada por el orden del suspenso (lo que sería el placer metonímico) pero no por un placer poético. Es posible el placer de la catarsis tal vez, aunque no tanto el placer estético. Por la segunda características es posible que tal vez el autor coseche bastantes detractores.
Es diferente la experiencia con las novelas más intimistas del autor, donde siguen apareciendo un poco esas reflexiones de las que hablaba antes, esa especie de insoportable autoconciencia, pero que está mejor expresada, y de un modo menos directo. A través de las experiencias de un niño, Joel, (protagonista de Viaje al Fin del Mundo) que vive en el bosque con su padre leñador, Mankell nos ofrece una visión llena de poesía sobre la vida de un chico que va trasmutando en adolescente a lo largo de cuatro relatos, y que debe recurrir a la imaginación para poder sobrevivir a una realidad algo dura. Los relatos son parsimoniosos, y se van concatenando, marcando sucesivas etapas en la vida de Joel, y en su paulatino pasaje hacia una especie de precoz y obligada madurez.
En Profundidades, otra vez el clima y el paisaje cumplen un rol determinante ya que la soledad y la amargura van llevando a la lenta descomposición del alma del personaje. Un hombre dividido en el amor a dos mujeres, con un dualismo difícil de abarcar, cuya imposibilidad de definición y una especie de apatía, lo transportan hacia la fatalidad.
Es obvio que todo lo que digo aquí constituye mi experiencia. Como dice Michel Butor, “… no son los signos solos los que producen algun efecto; generalmente, somos nosotros mismos, sin darnos cuenta, los que fabricamos la representación a partir de las palabras. Es por esto que puede decirse que cada lector lee un libro diferente…”

jueves, 17 de enero de 2008

No lo puedo creer.....


Hoy me tomó por sorpresa una novedad increíble: alguien aparte de mi leyó este blog!!

La maceta


El sol salió de golpe, mientras regaba las plantas, y la maceta se vio asi.

La historia de un alfajor


Cuenta la leyenda urbana y kioskera que hace algun tiempo el repostero principal de una importante fábrica de alfajores marplatenses (léase Havanna) fue despedido y/o se fue solo, cansado de las diferencias con sus superiores, o quién sabe porqué se fue. Pero lo importante es que se fue de alli.

Resentido y enojado y, lo que es peor, sin trabajo, quiso asumir la venganza por mano propia y no por medio de abogados lab0rales. Y decidió darles un mejor destino a sus talentos.

Asi es que puso su creatividad repostera en acción.

Él, que siempre fue un empleado más, cuyas virtudes eran desperdiciadas por las mediocres directivas de la empresa, preparó unos alfajores mucho mejores que los que fabricaba en su anterior empleo. Habiéndose guardado algunos secretos reposteros sólo para él, y siguiendo sus propios designios y gustos creó los que hoy han dado en llamarse alfajores "El Cachafaz".

No tengo que aclarar que son superiores a los "Havanna", con más dulce de leche, y una masa más suave. Son una especie de sueño vespertino, un vicio inmanejable. No tienen casi nada que envidiarle (salvo el tamaño) a la mejor torta de chocolate....

martes, 15 de enero de 2008

Caballo cordobés



Había un caballo hace dos veranos atrás, allá en Córdoba. Y cada mañana, despues de desayunar, pasábamos por allí cerca y él nos miraba y nos bendecía mientras comía pasto. Despues, podíamos ir por ahí....

domingo, 13 de enero de 2008

Se vino el bisiesto



La vez pasada me acordé de mi abuela María (la tana), que murió cuando yo era muy chica y a la que conocí más bien poco. Era una viejita callada y sufrida, y muy supersticiosa. Un detalle me quedó siempre grabado: cada fin de año, cuando daban las doce del 31 de diciembre y el que se iniciaba era un año bisiesto mi abuela, con gesto grave y llena de inquietud se iba al patio, y murmurando una oración (¿qué diría?) esparcía sal en el suelo del patio. Mi papá, a pesar de que era su madre, nunca supo ni se interesó mucho por aquello. Le pregunté a mi mamá, y entonces me dijo que la abuela pensaba que asi mantenía a la familia protegida contra las desgracias que pueden sobrevenir en años bisiestos. A mi, una nena de cinco o seis años, aquello me producía cierta pesadumbre.


Despues de la muerte de mi abuela, aquella creencia sobre los años bisiestos como sinónimo de desgracias fue perdiendo fuerza y los empecé a ver como aquello que me habían explicado en la escuela: que son el año que dura 366 días para corregir el desfasaje que ocurre con la duración real de un año, que es de 365 días y 6 horas. En realidad todo se trata de una convención católica adoptada por un papa (Gregorio XIII, en 1582).


Pero ¿de dónde venía la superstición de María?


Parece que a lo largo de la historia siempre se asoció al año bisiesto con calamidades, desastres, tumultos y guerras y todo ello parece tener su causa precisamente en el origen: febrero es el mes de los muertos en la tradición romana y, por tanto, considerado de influencia aciaga. Añadir un día a febrero es popularmente sinónimo de potenciar esta influencia "anti-vida", esa necesidad de purificación. Los romanos, para contrarrestar esta influencia, no se casaban en febrero ni tan siquiera abrían los templos. En este mes celebraban las Lupercalia, (15 de febrero) fiesta al dios de la fertilidad, aprovechando estas fechas para cometer toda clase de excesos sexuales. Con el tiempo, la religión católica, al igual que hizo con otras fiestas paganas, sustituyó aquellas celebraciones por otra fiesta del amor, naturalmente menos lujuriosa y más conveniente para la tradición represiva de la iglesia: San Valentín, patrón de los enamorados.


De todas formas, y más allá de las explicaciones que uno pudiera dar, mi madre tomó la posta de María y, si bien no cumple el ritual de mi abuela, siempre repite cuando te saluda al inicio de un bisiesto: "nada bueno puede ocurrir un año en que se agrega un día fantasma"....


martes, 19 de junio de 2007

Los infelices de siempre


Dijo una escritora una vez que “la gente feliz no tiene historia”, a lo que agregarìa que, lo que no tienen, es una historia interesante para contar. Las desgracias ajenas atrapan mucho más que una existencia sin sobresaltos. ¿Què puede tener para contar esa señora tan còmoda con su vida, que viaja cada mañana en el subte D, con su ropa tan impecable?. Pareciera que no tiene mucho que decir, pero ¿quièn sabe?. Tal vez sì tiene una historia pero prefiere que sea sòlo suya, absolutamente privada.
En una época creo que los filósofos, los intelectuales en general, creían que únicamente podía ser interesante la vida de alguien sufriente, de alguna persona torturada por algun pecado inconfesable, o de alguna persona que sufriera nada más que por estar en este mundo.
Para ser mirado por el arte, un ser humano debía sentir alguna tristeza, depresión, angustia que lo llevara a alguna pequeña o gran tragedia.
Las existencias tortuosas, torturadas, sufrientes, victimizadas, venden mucho. Sino, miren a Maradona, a Charly García (que ya empieza a transitar el terreno de lo patético, ya no causa admiración o ternura, sino más bien cierta especie de vergüenza ajena, ya no parecen geniales ocurrencias sus desplantes sino solo papelones….), Britney Spears, Paris Hilton y etc, etc, etc….
No me importa la vida de ninguno de ellos, pero me la imponen los medios hablando todos los días de sus “desgracias”.
Bien, los medianamente felices, mediocremente infelices, que no somos ni megastars ni grandes hermanos, podríamos armar un frente comun de defensa contra las desgracias de los mediáticos, que no nos importan pero estan todo el tiempo allí en la tele, llorando la carta de sus mezquinas existencias.

Los tiempos han cambiado. La decadencia esta aqui.

lunes, 12 de febrero de 2007


Mar del Plata

Mar del Plata, arena, gente y más gente. Sentada sobre la arena, y con frío, escucho, alguien me dice “ bueno, te imaginarás que, como ellos son ateos, su principal credo es la educación, así que, el que el hijo no pueda entrar en la mejor universidad es una catástrofe, como si a mi me saliera un hijo, no sé… marxista”
Otro día me dispongo a comer un pelón (nombre feo para una fruta si los hay). Ofrezco, educadamente, un trozo, como me lo ha enseñado mi santa madre (“por dios, hija, cuando comés algo siempre ofrecéles a los otros”). Me dicen, me responden, con voz de drama, “noooo!!, no como frutas!!, me dan asco”.
Otro día: se conversa sobre “Gran Hermano”, y se comenta sobre las analogías con algunas películas. Otra vez el comentario inaudito: “si si, me acuerdo de Truman Show, pero la mejor que vi con este tema fue Ed TV…”
Escuché relatos de peleas de personas por una paleta de pelota-paleta, recuerdos de infancia de alguien a quien le gustaba comer copos de azúcar (“pero no los de colores, eh?”).
Conocí Miramar, y me desilusioné con todos esos edificios tan altos y que a determinada hora seguramente tapan el sol. Lo decidí: me gustan más los puebluchos de playa, con toda la mística que encierran, y el aburrimiento invernal que la mayoría de la gente les adivina.

lunes, 22 de enero de 2007

La pampa y el cometa


Aunque pueda parecer poco atractiva la propuesta, la contemplación del paisaje pampeano mientras uno viaja por la autopista Bs. As.-Rosario, es una imagen digna de verse. Es cierto que es poco espectacular, y pareciera hasta un poco monótona pero, bien mirada, tiene un atractivo bastante irresistible. A mi me gusta el contraste de colores entre esos tonos diferentes de verde de las plantaciones o de los pastizales y el celeste del cielo, contraste que, por otro lado, va mutando conforme varía la luz del día. Siempre que puedo, cuando regreso desde San Nicolás para Bs As, trato de hacerlo en el horario del atardecer, porque la incidencia de los rayos del sol poniéndose cambian las tonalidades de los verdes de los campos y dibujan sombras inquietantes en el paisaje. Con esa vista, es más fácil poder pensar, sin duda. Esas líneas de árboles que uno puede ver, allá lejos, cerca casi del horizonte parecen tan misteriosas.

Hoy, concentrada en el paisaje, no me percaté de la presencia del cometa Mc Naught hasta que una estrella insistente y brillante me llamó la atención. No vi la cola que delatara su identidad pero después me di cuenta de que era el cometa famoso e inesperado que todos estos días se nos aparece como un fantasma, alertándonos de que allá lejos, en el universo, siguen pasando muchas cosas.

jueves, 11 de enero de 2007

el gran golpe


Piensen que soy paranoica si quieren, que no les voy a reclamar nada. Pero me ocurre algo extraño a causa de un evento tonto que he tenido. La historia es asi: hace unos días venía yo caminando hasta que, en un momento dado, doblo en la esquina de mi casa. No me di cuenta de que había una bicicleta apoyada contra la pared, asi que pasé como venía y me di un golpe con el manubrio. Dolió bastante, y mentalmente repetí mi mantra habitual: "mierda, mierda, mierda... la concha de tu reverenda madre bicicleta de mierda...". Seguí mi camino con unas lagrimitas en los ojos (del dolor) y hete aquí que, para la noche, me había aparecido un gran hematoma en el antebrazo (izquierdo). Al día siguiente, la gente notaba la huella de mi encontronazo con la bici asesina, asi que me preguntaban cómo había pasado. La cuestión es que cuando explicaba cómo había ocurrido empecé a notar que algunos se desilusionaban con la explicación: es más, notaba que algunos pensaban que les ocultaba el "verdadero modo" como me había hecho semejante moretón. Por más que mi relato sea dicho en un tono de lo más neutro y corriente siento que a algunos no les convence y, algo incómodos, dejan de preguntar sobre el golpe como si no quisieran tener que ponerme en el aprieto de seguir falseando los hechos. El efecto de esto es que, en realidad, y conforme pasan los días, pierdo mi naturalidad cuando refiero el suceso y me pongo un poco nerviosa como si en realidad sí les estuviera mintiendo. Y todo porque la gente siempre espera algo más extraordinario de lo que en realidad son las cosas. Fantaseo con poder adivinar qué les gustaría escuchar y bromearles justamente con eso...

miércoles, 10 de enero de 2007

¡Que vivan los clásicos!!



Otra cosa más, y me voy a dormir: estoy leyendo un libro con una selección de cuentos de autoras argentinas (nuevas narradoras argentinas dice la tapa) y me parece que a las escritoras seleccionadas para publicar los cuentos y/o relatos y/o ensoñaciones y/o qué se "yo qué sé qué son estas cosas", les falta un poco de trayecto literario. Da la impresión de que se quedaron en la etapa del taller de escritura porque no hay nada rescatable en ese puñado de ¿relatos? que figuran en ese libro. Para mi que alguna amiga de todas ellas, editora tal vez, tuvo la feliz idea de agasajarlas con un libro y entonces recopiló todo y lo publicó. Pero la verdad que todo parece una gran broma macabra. Capaz mi gusto es medio corriente u ordinario y no comprendo las reglas del relato moderno, pero la mayoría de esas especies de cuentos (que ninguno llega a serlo) son disgresiones incomprensibles que no te dicen nada. No pretendo que sean Katherine Mansfield pero... ¡chicassss!! ¡tengan piedad por el lector!!! Un tiempo atrás leí un artículo de Quintín (en Bonk) en el que se quejaba (ciertamente que con más clase y más fundamento que yo) de más o menos lo mismo, en relación a un libro parecido a éste del que hablo que se llama algo así como "La joven guardia" o algo por el estilo. Reconozco que no soy una lectora exigente pero el libro este me colmó la paciencia....

La encuesta (del gran diario argentino)

Una encuestadora llama a casa para conocer mis hábitos de lectura de los diarios. Pero despues de varias preguntas y muchos rodeos, y en base a las opciones de respuesta que me iba ofreciendo, me di cuenta de que la cosa venía por el lado de "Clarín" y, más específicamente, por el lado del suplemento "Ñ"... en fin... como diría un jefe mío, ya ni en las encuestas se puede creer...

Italo máster...

Hay un cuento de Italo Calvino que leí hace bastante tiempo ya, y hace poco releí. Ahi va:

Italo Calvino
La Tribu que Mira al Cielo

Las noches son espléndidas y los misiles atraviesan el cielo de verano. Nuestra tribu vive en cabañas de paja y barro. Al oscurecer, después de recoger los cocos, cansados, nos quedamos en los umbrales, unos sentados sobre los talones, otros en una estera, los niños de barrigas redondas como globos juegan en el suelo, y contemplamos el cielo. Desde hace mucho tiempo, quizá desde siempre, los ojos de nuestra tribu, nuestros pobres ojos inflamados por el tracoma, están clavados en el cielo, pero especialmente desde que en la bóveda estrellada, sobre nuestra aldea, corren nuevos cuerpos celestes: aviones de reacción con su estela blanquecina, discos voladores, cohetes, y ahora esos misiles atómicos teledirigidos, tan altos y veloces que ni siquiera se ven o se oyen, pero prestando mucha atención se puede percibir en el centelleo de la Cruz del Sur algo como un estremecimiento, un sollozo, y entonces los más expertos dicen: «Por ahí ha pasado un misil a veinte mil kilómetros por hora; un poco más lento, si no me equivoco, que el que pasó el jueves». Y desde que ese misil está en el aire, muchos de nosotros sienten una extraña euforia. Algunos de los brujos de la aldea han dado a entender, muy por lo bajo, que estos bólidos surgen del otro lado del Kilimanjaro, y que ese es el signo anunciado por la Gran Profecía, y por eso la hora prometida por los dioses se acerca, y tras siglos de servidumbre y de miseria, nuestra tribu reinará en todo el valle del Gran Río, y la sabana inculta dará sorgo y maíz. Por lo tanto -parecen sobrentender estos brujos- no hay que ponerse a soñar con nuevos sistemas para salir de nuestra situación: confiemos en la Gran Profecía, reunámonos en torno a sus únicos verdaderos intérpretes, sin pedir más. Es preciso decir, sin embargo, que aunque seamos una pobre tribu de cosechadores de cocos, estamos bien informados de todo lo que sucede: sabemos qué es un misil atómico, cómo funciona, cuánto cuesta; sabemos que no sólo las ciudades de los sahibs blancos serán segadas como campos de sorgo, sino que a poco que se pongan a dispararlos, toda la corteza de la Tierra quedará rajada y esponjosa como una termitera. Que el misil es un arma diabólica nadie lo olvida jamás, ni siquiera los brujos; más aún, continúan según la enseñanza de los Dioses, profiriendo maldiciones contra él. Pero esto no quita que sea cómodo considerarlo también, en el buen sentido, como el bólido de la profecía; tal vez sin detener demasiado el pensamiento en él, pero dejando en la mente una rendija abierta a esa posibilidad, porque así desaparece también toda preocupación. Lo malo es que -ya lo hemos visto muchas veces- después de aparecer en el cielo de nuestra aldea, desde hace un tiempo, alguna cosa diabólica queproviene del otro lado del Kilimanjaro, como quiere la profecía, aparece otra desde el lado opuesto, todavía peor, y sale disparada para desaparecer del otro lado de la cresta del Kilimanjaro: señal infausta, pues, y las esperanzas de la proximidad de la Gran Hora quedan defraudadas. Así, con sentimientos alternados, escrutamos el cielo cada vez más armado y mortífero, como en otros tiempos leíamos el destino en el curso sereno de los astros o de errantes cometas. En nuestra tribu no se discute más que de cohetes teledirigidos y mientras tanto seguimos armados de rústicas hachas y lanzas y cerbatanas. ¿Por qué preocuparse? Somos la última aldea en el confín de la jungla. Aquí entre nosotros nada cambiará antes de que suene la Gran Hora de los profetas. Y sin embargo también aquí ha pasado el tiempo en que de vez en cuando un comerciante blanco venía en su piragua a comprar cocos, y a veces nos estafaba en el precio, a veces éramos nosotros los que le hacíamos lo propio; ahora está la Coccobello Corporation que compra toda la cosecha en bloque e impone los precios, y estamos obligados a recoger cocos a ritmo acelerado, en cuadrillas que se alternan día y noche para llegar a la producción prevista en el contrato. No obstante, hay entre nosotros quien dice que los tiempos prometidos por la Gran Profecía están más maduros que nunca, y no por obra de los presagios celestes sino porque los milagros anunciados por los dioses son ahora otros tantos problemas técnicos que sólo nosotros podremos resolver y no la Coccobello Corporation. ¡Nada más que eso! ¡Entre tanto, quién toca a la Coccobello! Sus agentes, en las oficinas de los dochs a orillas del Gran Río con los pies apoyados en la mesa y el vaso de whisky en la mano parece que sólo tuvieran miedo de que este nuevo misil fuese más grande que el otro, en fin, que también ellos es de lo único que hablan. Hay coincidencia, en eso, entre lo que dicen ellos y lo que dicen los brujos: ¡en la potencia de los bólidos celestes es donde reside todo nuestro destino! También yo, sentado en el umbral de la cabaña, miro estrellas y cohetes que aparecen y desaparecen, pienso en las explosiones que envenenan los peces del mar, y en las reverencias que se hacen, entre una explosión y otra los que deciden las explosiones. Quisiera entender más: ciertamente la voluntad de los dioses se manifiesta en estas señales, y en ellas está incluida también la ruina o la fortuna de nuestra tribu... Pero hay una idea que nadie me quita de la cabeza: que a una tribu que se fía sólo de la voluntad de los bólidos celestes, por bien que le vaya, siempre le darán por sus cocos menos de lo que valen.

martes, 9 de enero de 2007

Scorsese, el infiltrado

Los Infiltrados, si no hubiera existido Infernal Affairs, la pelicula hongkonesa dirigida por Andrew Lau y Alan Mak, podría verse como una nueva obra genial de M. Scorsese. Pero los sentimientos se vuelven ambiguos cuando uno ya vio la peli china. Es que Infernal Affairs es tan perfecta y tan "matemática" en su factura, que cualquier otra versión pierde frente a la comparación. Tiene, como la mayor parte del cine asiático, una dosis justa de acción, mezclada con cierto toque de melodrama y tragedia al mejor estilo clásico. Por otro lado, la carga de misterio y ambiguedad de algunos personajes, fundamentalmente el de Lau (Andy Lau, ningun parentesco con el director; y que sería el equivalente al de Colin/Matt Damon), le dan un plus a la historia, pues lo enigmático del personaje es lo que plantea justamente ese filo casi imperceptible entre el bien y el mal sobre el que la película parece querer hacernos reflexionar.No me molestan las remakes si están bien hechas, pero si me rompe un poco que Scorsese, cada vez que le preguntaban por la original hongkonesa prácticamente la ninguneaba, como si no hubiera tenido ninguna incidencia sobre su propia película. Me pareció intuir en esa actitud una mezcla de soberbia y envidia, como si hubiera dicho "puta madre! ¿cómo no se me ocurrió a MI primero????